Die Hard (1988)
La Navidad puede ser la época perfecta para el cine, pero no por los romances forzados, sino por la atmósfera visual y el contraste que genera. Hay algo fascinante en ver ciudades llenas de luces y nieve sirviendo de escenario para un robo, una invasión de monstruos o una crisis existencial.
Es el debate eterno que resurge cada diciembre en internet, pero para mí nunca hubo discusión: "Batman Returns" de 1992 es la película de Navidad.
Pero siempre tuve la duda sobre "Die Hard" y hoy puedo confirmar que es LA película de Navidad definitiva, y no solo porque transcurra en Nochebuena. Si lo piensas bien, la Navidad no es un simple adorno de fondo; es el motor absoluto de la trama.
Todo empieza porque John McClane, un tipo normal con problemas de pareja, cruza el país desde Nueva York a Los Ángeles precisamente para una reconciliación navideña. Sin la fiesta de Navidad de la corporación Nakatomi, no habría rehenes, no habría edificio lleno de gente vulnerable y no habría un motivo para que Hans Gruber (un Alan Rickman que se come la pantalla con cada gesto) lanzara su asalto. La Navidad es lo que pone a todos los personajes en el tablero.
Lo que la convierte en una obra maestra del género y un clásico navideño superior es el uso del contraste y la ironía. Mientras el mundo exterior celebra la "paz en la tierra", McClane está descalzo, sangrando y gateando por conductos de ventilación. Tarantino suele hablar de la yuxtaposición, pero John McTiernan lo hizo aquí de forma magistral usando la música.
La banda sonora está plagada de temas navideños que, en lugar de relajar, acentúan la tensión de los tiroteos. Escuchar "Let It Snow" mientras cae "nieve" (que en realidad son papeles de oficina triturados tras una explosión) es una imagen poética y brutal que ninguna comedia romántica podría igualar. Además, la película está llena de tropos navideños subvertidos: el "Ho-Ho-Ho" escrito en la ropa de un terrorista muerto es el mensaje más icónico y oscuro de la historia..
Incluso a nivel de guion, "Die Hard" cumple con los valores clásicos de la temporada: es una historia sobre la redención, el sacrificio personal y el triunfo de la familia sobre la codicia. McClane no es un superhéroe; es un hombre solo, superado en número, que solo quiere volver a casa para ver a sus hijos.
Su lucha es una odisea moderna para salvar su matrimonio, y el milagro navideño aquí no es un beso sin sentido, sino la apertura de la bóveda (al ritmo de la "Oda a la Alegría") o el hecho de que un policía de Nueva York logre derrotar a un grupo de mercenarios europeos de élite usando solo su ingenio y un par de chistes sarcásticos.
Es pura adrenalina con olor a pino y pólvora, una película que captura el verdadero espíritu de "sobrevivir a las fiestas" llevado al extremo más espectacular posible. Si no terminas de verla con ganas de gritar frente al pesebre, es que no tienes sangre en las venas.
sii siempre he dicho lo mismo
ResponderBorrarmuy bueno
ResponderBorrares verdad, es la pelicula de Naviddad
ResponderBorrar