Reservoir Dogs (1992)

La música en Reservoir Dogs es el motor de la película, la primera gran jugada de ajedrez de Tarantino. 

Lo que me asombra es cómo, con un presupuesto de risa ($1.2m), el tipo ignoró por completo la explosión grunge de 1992 y, en su lugar, nos clavó un catálogo de pop olvidado de los 70 a través de la emisora ficticia K-Billy's Super Sounds of the Seventies. 

Esta decisión no fue sólo estética, fue una declaración de guerra contra el pop contemporáneo y la clave para crear un universo atemporal y estilizado, una burbuja de nostalgia que, irónicamente, sirve de fondo a la violencia más burda y caótica. 

La música establece el tono desde el inicio, no con una canción, sino con el diálogo: el debate sobre el verdadero significado de "Like a Virgin" de Madonna es oro puro y en 90 segundos te define a todos esos tipos, demostrando que para Tarantino, hablar sobre música y cultura pop es tan crucial como los disparos que vendrán después. 

Pero donde la genialidad musical explota es en la tortura del almacén, que se ha convertido en la escena definitoria de su carrera: la melodía alegre y dulce de "Stuck in the Middle with You" de Stealers Wheel se convierte en un contrapunto brillante y escalofriante al sadismo de Mr. Blonde (Michael Madsen). 

Esta yuxtaposición de inocencia musical y violencia explícita es la firma del director, el truco que te hace sentir incómodo y fascinado a la vez. Un detalle fascinante de esa escena es que la coreografía de Madsen bailando mientras tortura al policía fue totalmente improvisada por el actor; Tarantino solo le dijo "baila", y esa libertad creativa impulsada por la canción elevó el terror a un nivel de locura que es imposible de olvidar. 

El estilo visual, aunque secundario a la música, complementa esta estética outsider: el famoso plano desde el maletero del coche—un ángulo rarísimo, sacado de alguna película de serie B—se convirtió en su sello, metiéndote en un dinamismo claustrofóbico que encaja con la tensión de las canciones. 

Al final, todo, desde el diálogo inicial hasta el jarabe de chocolate, funciona bajo el ritmo que marca ese glorioso, aunque olvidado, pop de los setenta, demostrando que Reservoir Dogs se convirtió en una joya de culto que cambió las reglas del cine independiente para siempre porque supo usar la música como su guión secreto.

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Comentarios

  1. creo que es del otro lado, primero el guion y despues la muscia

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  2. La cámara y sus angulos y tomas de lejos y escenas lentas van antes que la música

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