"Strange Days" (1995)
Si buscas la película definitiva de fin de año y tus gustos tiran hacia lo crudo, lo atmosférico y lo real, tienes que verla. Dirigida por Kathryn Bigelow (que tiene esa mano firme y técnica que tanto nos gusta en Michael Mann) y escrita por James Cameron, esta película es un viaje alucinante por las últimas horas de 1999 en una ciudad de Los Ángeles que parece un campo de batalla.
Es puro cyberpunk de baja fidelidad, sucio y sudoroso, que conecta directamente con esa sensación de caos controlado que amas en Reservoir Dogs o Heat. No es una película de ciencia ficción brillante y limpia; es una historia de callejón, de trapos y de una ciudad a punto de explotar mientras todo el mundo espera el cambio de milenio.
La trama sigue a Lenny Nero (un Ralph Fiennes que está increíble, interpretando a un tipo patético, encantador y desesperado que me recordó mucho al Stallone de Cop Land), un ex-policía que ahora trafica con "clips" de SQUID: grabaciones digitales de experiencias sensoriales ajenas que te permiten sentir lo que otro sintió.
Es una joya por su atmósfera asfixiante y su ritmo frenético. La fotografía es oscura, saturada de neones y sombras, capturando la decadencia de una sociedad obsesionada con el voyeurismo.
La técnica de cámara es revolucionaria: esos planos en primera persona (POV) te meten de lleno en la acción, dándote una sensación de inmediatez y peligro que hoy en día, incluso con toda la tecnología que tenemos, sigue siendo impresionante. Es ese tipo de cine visceral que no te deja apartar la vista.
Y claro, tenemos que hablar de la música. Si te gusta Neil Young, Audioslave y esa energía del rock de los 90, la banda sonora de Strange Days te va a volar la cabeza. Es una mezcla perfecta de trip-hop, rock industrial y punk (con bandas como Skunk Anansie tocando en medio del caos callejero) que define perfectamente el sentimiento de fin de una era. La música no es un adorno; es el latido de una ciudad que se está autodestruyendo. Al igual que en las películas de Tarantino, la banda sonora es el alma, marcando el tempo de una noche que parece no tener fin.
Pero lo que realmente la convierte en un clásico es su corazón de cine negro. En el fondo, es una historia de redención, de un tipo perdido que intenta hacer lo correcto en un mundo donde la moralidad ha desaparecido. La química entre Fiennes y Angela Bassett le da el peso emocional necesario para que no sea solo un ejercicio de estilo.
Es una película sobre la memoria, el arrepentimiento y la esperanza desesperada, temas que resuenan con esa melancolía que valoras en artistas como Radiohead. Verla hoy, sabiendo que ya pasamos ese año 2000, le añade una capa extra de nostalgia y crudeza. Si quieres despedir el año con una película que tenga huevos, una estética imbatible y un mensaje que te deje pensando, Strange Days es tu elección.
Es el milagro navideño que se encuentra en medio de un tiroteo y un solo de guitarra distorsionado.
ni sabia qeu existia esta pelicla
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