Alice in Chains – Tripod: la oscuridad en un disc
Hoy se cumplen 31 años de la publicación de Alice in Chains, el disco de 1995 que todos conocemos como Tripod, por el perro de tres patas de la portada. Siempre me pareció un álbum extraordinario, pero también uno de los más oscuros y difíciles de escuchar de toda esa década. Y no me refiero solamente a las letras. Musicalmente tiene una pesadez que por momentos resulta agotadora.
Alice in Chains nunca fue una banda particularmente alegre. Facelift ya tenía un sonido oscuro y Dirt había llevado eso mucho más lejos, con canciones sobre la adicción, la culpa y la desesperación. Pero Tripod es diferente. Si Dirt todavía conservaba cierta energía y agresividad, acá todo parece más lento, más sucio y bastante más incómodo.
Las guitarras de Jerry Cantrell tienen un sonido impresionante. Hay varias capas de guitarras superpuestas, riffs repetitivos y una sensación de que las canciones avanzan con dificultad. Incluso los temas más tranquilos mantienen cierta tensión. Las guitarras, el bajo y la batería parecen ir a su propio ritmo, con un sonido pesado que por momentos resulta difícil de digerir.
Y después está Layne Staley. Siempre me gustó muchísimo su manera de cantar, especialmente las armonías que construía con Cantrell. Pero acá su voz suena diferente, más distante, por momentos cansada. Algunas partes vocales parecen casi improvisadas, con frases que se mezclan unas con otras y melodías que no siempre terminan de resolverse.
Escucharlo hoy, sabiendo lo que estaba pasando con Staley y cómo terminó su historia, resulta todavía más difícil. Por momentos parece que estamos escuchando a una banda que se estaba desintegrando mientras grababa el álbum.
“Grind” abre el disco con uno de los riffs más pesados de Alice in Chains. Después llega “Brush Away”, con esas guitarras que parecen arrastrarse, y “Sludge Factory”, una canción de más de siete minutos que transmite una sensación de encierro bastante particular.
“Again” tiene un ritmo más directo, pero tampoco cambia demasiado el clima. “God Am” y “Head Creeps” son todavía más incómodas. Y “Shame in You”, una de mis favoritas, demuestra que la banda podía transmitir la misma tristeza sin necesidad de recurrir a guitarras tan pesadas.
Pero si hay una canción que resume el espíritu del álbum, para mí es “Frogs”. Dura más de ocho minutos y parece no terminar nunca. Es lenta, extraña, con una atmósfera casi enfermiza. Hay algo hermoso en sus armonías vocales, pero al mismo tiempo resulta profundamente inquietante.
El cierre con “Over Now” también tiene algo especial. Hoy es difícil escucharla sin pensar en lo que vendría después. Fue el último álbum de estudio de Alice in Chains con Staley, aunque todavía grabarían el MTV Unplugged y algunas canciones más.
Tripod llegó al número uno en Estados Unidos, pero nunca tuvo la popularidad de Dirt entre el público general. Con los años, sin embargo, fue ganando un reconocimiento especial entre los seguidores de la banda.
Sus más de sesenta minutos tienen un peso emocional difícil de explicar. A veces encuentro detalles que antes no había escuchado, especialmente en las guitarras y las voces.
Me encanta Tripod, pero no es un disco que tenga ganas de escuchar todos los días. Hay algo en esas canciones que todavía me resulta incómodo. Y eso, para mí, es parte de lo que lo hace tan bueno.
