Joy Division - 50 años
Hace poco escuchaba a Billy Corgan de los Smashing Pumpkins decir algo que me dejó pensando: “He sostenido durante unos buenos 20 años que, probablemente fuera de The Beatles, Joy Division es la banda de rock más influyente del siglo XX”. Es una afirmación pesada, pero Corgan tiene mucha razón. Para él, Joy Division es el "blueprint", el molde original para incontables bandas que vinieron después. Su sonido no estaba diseñado para el éxito del pop comercial, sino que dio forma a un estilo crudo y minimalista que sigue resonando hoy. Como bien dice Corgan: “Es música pop no hecha para un mercado pop, y es por eso que la gente todavía la escucha...".
No podemos tratarlos como a una banda más; hay que verlos justo como dice Corgan: el punto de ruptura donde el punk dejó de ser solo ruido y escupitajos para convertirse en algo introspectivo, frío y jodidamente profundo. Para mí, su importancia radica en que fueron los arquitectos de una atmósfera que nadie había capturado antes: el sonido de una ciudad industrial como Manchester desmoronándose bajo una nube gris de melancolía que parecía no tener fin.
Lo que hicieron en apenas un par de años, antes de la tragedia de Ian Curtis, cambió la historia de la música para siempre porque le dieron permiso al rock para ser vulnerable, oscuro y existencial sin perder la fuerza ni la urgencia. No se trataba de gritarle al sistema desde afuera, sino de explorar las grietas que el sistema dejaba dentro de uno mismo.
Lo que me vuela la cabeza, y que se siente en cada segundo de "Unknown Pleasures", es cómo el bajo de Peter Hook y la batería metronómica de Stephen Morris construyeron un esqueleto rítmico casi robótico pero cargado de una tensión humana insoportable. Sobre ese cimiento, la voz de Ian Curtis flotaba como un fantasma atrapado entre las máquinas. Ian no era un cantante de rock convencional; era un poeta herido que volcaba su dolor y su alienación en cada verso.
Su voz de barítono no buscaba la perfección técnica, buscaba la verdad, y esa honestidad brutal es lo que hace que su legado sea eterno. Cuando escuchas "She’s Lost Control" o "Transmission", sientes esa urgencia eléctrica de alguien que necesita decir algo antes de que el mundo se apague. El dolor de Ian no era una pose estética para vender discos; era una realidad devastadora que te atraviesa el alma.
Pero la genialidad de Joy Division no se entiende sin la mano de Martin Hannett. Su producción fue una revolución; el tipo usó el estudio como un instrumento más, introduciendo silencios gélidos, ecos industriales y sonidos de ambiente que daban la sensación de estar en una fábrica abandonada en mitad de la noche. Esa "estética del vacío" es lo que definió al post-punk y lo que permitió que la música respirara de una forma nueva. Hannett entendió que lo que no se oía era tan importante como lo que sí, creando una atmósfera de aislamiento que hoy sigue siendo el manual básico para cualquier banda que quiera sonar oscura y auténtica.
La influencia de Joy Division es total y absoluta en bandas como The Cure, U2, Depeche Mode, NIN. Incluso el espíritu experimental de Radiohead le debe mucho a esa voluntad de romper con lo establecido.
Joy Division es el testamento de que el arte más poderoso suele nacer del lugar más oscuro y solitario del ser humano, y por eso, cincuenta años después, sus canciones siguen sonando igual de frescas, peligrosas y necesarias.
Próximo tinee que ser Velvet Underground
ResponderBorrarGenialidad
ResponderBorrarQue musica
ResponderBorrarSi, VU es la que sigue
ResponderBorrarExcelente reseña...impecable!
ResponderBorrarno inventaron el post-punk, pero le dieron vida
ResponderBorrarMe hboera gustado mas sobre Unknown Pleasures que no es un disco para “escuchar de fondo”. Es un clima.
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