OBSESSION (2026)
Les adviero que voy a usar mucho la palabra incómodo.
Si todavía quedaban dudas de que el cine de terror independiente puede seguir sorprendiendo, Obsession (2025), el debut de Curry Barker, es una respuesta bastante contundente. Después de haber llamado la atención con Milk & Serial en YouTube, Barker da el salto con una película hecha con un presupuesto mínimo, pero con una idea clara, una identidad visual fuerte y, sobre todo, una incomodidad que se queda dando vueltas bastante después de los créditos.
La premisa, en papel, podría sonar familiar: un tipo frustrado, enamorado de su amiga de toda la vida, recurre a un objeto extraño para pedir que ella lo ame por encima de todo. Pero lo interesante es que Obsession no usa esa idea como simple excusa para construir un relato sobrenatural más. Lo que hace es tomar ese deseo egoísta y llevar esa idea a un lugar bastante incómodo.
Michael Johnston interpreta a Bear con una incomodidad muy efectiva. No es un villano tradicional ni tampoco un protagonista fácil de empatizar. Es alguien emocionalmente inmaduro, inseguro, atrapado en su propia frustración, y justamente por eso resulta creíble.
Pero la película realmente encuentra su centro en Inde Navarrette. Su trabajo como Nikki es, probablemente, lo mejor de toda la película. Hay algo profundamente incómodo en cómo logra transmitir que su personaje está físicamente presente, pero emocionalmente ausente, como si hubiera quedado atrapada detrás de una versión distorsionada de sí misma.
Lo que más me impactó de Obsession es que el terror no viene de criaturas, sangre o sobresaltos constantes. Viene de algo mucho más incómodo: la pérdida de autonomía. La idea de que alguien, en nombre del amor o del deseo, decida alterar la voluntad de otra persona. Solo esa idea ya funciona. Lo interesante es que Barker sabe cómo sostenerla sin exagerarla
Visualmente también me gustó mucho. Tiene una estética rara, incómoda, con planos que te hacen sentir que algo no está bien incluso antes de que pase algo. También me gustó mucho cómo está filmada. Junto al director de fotografía Taylor Clemons, optan por planos muy centrados, con mucho espacio vacío sobre los personajes, dentro de un formato de imagen que hace que todo se sienta más cerrado, más extraño, casi fuera de tiempo.
Esa sensación funciona muy bien porque convierte escenas cotidianas en algo nervioso. Hay momentos donde literalmente no está ocurriendo nada, y aun así uno siente tensión.
Es inevitable pensar en cierto terror contemporáneo que trabaja más desde la incomodidad psicológica que desde el impacto inmediato. Hay ecos de Hereditary o incluso de Barbarian, pero Obsession tiene suficiente personalidad como para no sentirse como una simple copia.
Lo que más valoro es que no intenta impresionar con escala. No necesita grandes efectos ni ambición artificial. Funciona porque entiende muy bien qué quiere contar y cómo hacerlo con recursos limitados.
No sé si será la mejor película de terror del año, porque eso siempre depende del gusto personal, pero sí me parece uno de esos debuts que obligan a prestar atención. Porque más allá del presupuesto o del hype, lo que deja claro Curry Barker es que tiene voz propia. Y en el cine actual, eso ya es muchísimo.
Y quizás por eso termina dejándote incómodo.
Creepy
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