L.A. Confidential (1997)

Hay películas que mejoran cada vez que uno las vuelve a ver. L.A. Confidential es una de ellas.

La primera vez que la vi me atrapó como una gran película policial. Con el tiempo empecé a apreciar otras cosas: la construcción de los personajes, la complejidad de la historia y, sobre todo, la forma en que retrata Los Ángeles.

Cuando pensamos en cine negro solemos imaginar calles oscuras, lluvia y sombras. Lo interesante de L.A. Confidential es que hace exactamente lo contrario. La mayor parte del tiempo transcurre bajo el sol de California, rodeada de glamour, estrellas de cine y barrios impecables. Y aun así, pocas películas transmiten una sensación de corrupción tan profunda. La oscuridad no está escondida en los callejones; está a plena vista.

Creo que ahí está una de las razones por las que la película sigue siendo tan especial dentro del género. Respeta muchas de las reglas clásicas del noir, pero encuentra una forma distinta de contarlas. No depende únicamente de la estética. Lo que realmente importa son los personajes y los compromisos morales que cada uno está dispuesto a hacer para conseguir lo que quiere.

Basada en la novela de James Ellroy, la historia sigue a tres policías muy distintos entre sí. Bud White, Ed Exley y Jack Vincennes representan formas completamente diferentes de entender la ley, la justicia y el poder. Lo mejor del guion es que ninguno encaja fácilmente en la categoría de héroe o villano. Todos tienen defectos, contradicciones y momentos donde toman decisiones difíciles de justificar.

Otra de las cosas que siempre me impresionó es lo bien que está construida la trama. Tiene muchos personajes, varias historias paralelas y una conspiración cada vez más compleja, pero nunca se vuelve confusa. Cada vez que la vuelvo a ver encuentro algún detalle nuevo que ayuda a entender mejor lo que está ocurriendo.

Y quizás esa sea una de las razones por las que envejeció tan bien. No depende de efectos especiales, de modas visuales ni de tendencias pasajeras. Funciona porque está basada en personajes sólidos, diálogos memorables y una historia que sigue siendo igual de atrapante hoy que en 1997.

También ayuda que Curtis Hanson y Dante Spinotti le dieran una identidad visual propia. La película sigue viéndose elegante, pero nunca parece un ejercicio de estilo. Todo lo que vemos en pantalla está al servicio de la historia.

Han pasado más de veinticinco años desde su estreno y sigo considerándola una de las mejores películas neo-noir que se hicieron. No solo por lo bien realizada que está, sino porque entiende algo fundamental: detrás de toda ciudad obsesionada con la imagen, siempre hay alguien intentando ocultar la verdad. 




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