My Own Private Idaho (1991)

Esta semana se cumplen 35 años del estreno de My Own Private Idaho y volver a pensar en esta película inevitablemente me lleva a los 90. Fue probablemente la década que más me marcó culturalmente. No solamente por la música que estaba descubriendo, sino también por un cine que parecía menos preocupado por gustarle a todo el mundo. Había películas raras, incómodas, a veces difíciles de entender, pero justamente por eso se quedaban con uno. My Own Private Idaho fue una de ellas.

Gus Van Sant la estrenó en 1991, con River Phoenix y un jovencísimo Keanu Reeves. Phoenix interpreta a Mike, un chico gay, prostituto y narcoléptico que vive prácticamente en la calle y está enamorado de Scott. Pero contarla así tampoco sirve demasiado, porque la película va por muchos otros lugares.

Y creo que hay que ponerse un poco en 1991 para entender lo raro que era encontrarse con todo esto en una película.

River Phoenix era una de las grandes promesas de Hollywood y aceptó interpretar a un personaje que estaba muy lejos de lo que uno esperaba de una joven estrella en aquellos años. La película habla abiertamente de homosexualidad, prostitución, drogas y abandono, pero nunca parece demasiado interesada en explicar o juzgar a sus personajes. Simplemente los acompaña.

La escena que siempre recuerdo es la de la fogata. Mike le dice a Scott que está enamorado de él. No pasa mucho más. No hay una gran música detrás ni un discurso preparado para emocionar. Hay dos personas sentadas alrededor del fuego, muchos silencios y una incomodidad que se siente real. River Phoenix está extraordinario.

Con los años también empecé a ver de otra manera la diferencia entre los dos personajes. Scott puede vivir en ese mundo porque, en el fondo, sabe que tiene una salida. Viene de una familia rica y tarde o temprano puede regresar a esa vida. Mike no tiene nada parecido esperándolo.

Hay además algo bastante extraño que cuando vi la película por primera vez no entendí demasiado: Van Sant tomó elementos de Henry IV de Shakespeare y los metió dentro de una historia sobre prostitutos callejeros en Portland. Scott es una versión moderna del príncipe Hal. Parece una combinación imposible y, sin embargo, funciona.

Quizás también por eso esta película me quedó asociada a los 90. En esos años estaba descubriendo Nirvana, Alice in Chains, Soundgarden y tantas otras cosas, y al mismo tiempo aparecía un cine independiente americano que tenía esa misma sensación de estar rompiendo algunas reglas. No todo tenía que ser perfecto ni estar explicado.

Después está River Phoenix. Murió solamente dos años más tarde, a los 23 años, y es imposible volver a ver My Own Private Idaho sin pensar en eso. Hay algo especialmente triste en verlo como Mike, perdido, buscando permanentemente algún lugar donde sentirse parte de algo.

No sé si My Own Private Idaho produciría hoy el mismo impacto que tuvo en 1991. Probablemente no. El mundo cambió muchísimo desde entonces.

Pero quizás justamente por eso me gusta volver a estas películas. Me recuerdan una época en la que parecía que constantemente aparecía algo nuevo: un disco, una banda o una película que no se parecía demasiado a lo anterior.

Para mí, eso también fueron los 90.



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