Peel It Back Tour - NIN (2025)
Pocas veces salí de un show con la sensación de haber vivido algo tan completo, tan intenso y tan bien pensado en cada detalle. Sigo a NIN desde hace años y siempre me dejaron esa marca de crudeza, de oscuridad y de potencia que te sacude de pies a cabeza. Pero esta vez todo se sintió distinto, como si hubieran dado un paso más allá. No era solo música, era un espectáculo total donde sonido, imágenes, luces y hasta la forma de moverse en el escenario estaban perfectamente integrados para que no te pudieras escapar de esa atmósfera.
El arranque de la noche ya fue toda una declaración. El telonero era Boys Noize (DJ alemán para los que no lo conocen), y su set fue brutal: oscuro, pesado, con bases electrónicas industriales que te golpeaban con cada beat. Todo el ambiente estaba en penumbras, con humo, luces rojas y un aire cargado que parecía sacado de una rave apocalíptica. Por momentos me sentía dentro de la escena inicial de Blade, rodeado de un clima gótico y oscuro, como si en cualquier momento fueran a aparecer vampiros entre la gente. Había esa vibra de rave clandestina mezclada con estética emo y nu-metal: camperas de cuero, miradas intensas, un aire teatral y retorcido que calzaba perfecto con la propuesta. No era el típico “abridor” de recital, era parte de la misma historia. Ese sonido duro, repetitivo y obsesivo preparó el terreno de una manera perfecta. Cuando NIN salió al escenario, la energía ya estaba en el punto justo: la gente metida en ese trance industrial, lista para que la banda los destrozara con su potencia.
El show en sí fue una locura. Lo que más me impresionó fue la manera en que alternaban momentos. Arrancaron con algo minimalista en un piano con una guitarra limpia que sonaba frágil, y de golpe explotaron en una tormenta de distorsión, bajos que te retumbaban en el pecho y beats electrónicos demoledores. No hay fisuras en esa mezcla: lo orgánico y lo digital conviven como si siempre hubieran estado destinados a estar juntos. Sentí que esa idea industrial que Reznor empezó a construir en los noventa alcanzó su forma más pura en este diálogo con la electrónica actual.
Visualmente fue impresionante. En lugar de pantallas gigantes sin sentido como se ve en la mayoría de los recitales, usaron cortinas translúcidas donde proyectaban imágenes en vivo, luces y reflejos que se movían en capas. El efecto era hipnótico: las siluetas de la banda aparecían y desaparecían, flotaban entre las proyecciones, como si estuvieras dentro de un sueño distópico. Y ahí apareció un detalle que me pareció brillante: había un camarógrafo en el escenario, filmando de cerca a Reznor y a los músicos, y esas imágenes se proyectaban manipuladas en tiempo real sobre las cortinas. Eso no era un adorno, era parte del show. La cámara se volvió un instrumento más, algo que jugaba con la percepción y reforzaba la sensación de inmersión.
Otro momento que me encantó fue cuando pasaban al “B-Stage”. El contraste era total: de la furia del escenario principal a un espacio más íntimo, donde se animaron a hacer versiones acústicas, relecturas y hasta colaboraciones con Boys Noize. Escuchar temas como “Sin” o “Came Back Haunted” convertidos en piezas techno-industriales fue increíble. No era solo un guiño al pasado, era una manera de reimaginarlo desde el presente, de actualizarlo sin perder la esencia.
Cuando terminó el recital, quedé con la sensación de haber vivido algo único. NIN logró que la música, lo visual y la tecnología se fundieran en un solo golpe, oscuro, visceral e hipnótico. Fue un martillazo completo, donde hasta la cámara en vivo y el set del telonero eran parte de la misma experiencia.
Sin palabras!!
ResponderBorrarMo hay como NIN
ResponderBorrarMuy buen comentario
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