Singles (1992)
Dirigida por Cameron Crowe, es una de esas películas que parecen livianas en la superficie, pero que con el paso del tiempo empiezan a revelar otra cosa. Ambientada en el Seattle previo a la explosión comercial del grunge, captura muy bien ese momento incómodo entre una juventud que se estira más de la cuenta y una adultez que empieza a pedir decisiones concretas. No hay épica ni grandes declaraciones románticas; hay dudas, contradicciones y personas tratando de entender qué quieren de los vínculos y qué están dispuestas a sostener.
Los personajes se mueven en un clima de confusión bastante reconocible. Quieren conexión, pero le tienen miedo; hablan del compromiso como si fuera una trampa, pero al mismo tiempo temen quedarse solos. Todo parece transitorio: las relaciones, los trabajos, incluso las certezas. Crowe observa ese estado con una sensibilidad particular, sin juzgar, mostrando cómo el deseo de libertad convive con una necesidad profunda de pertenecer.
En ese contexto, la música no funciona como simple ambientación ni como un guiño generacional. Es parte central del relato. El grunge y el rock alternativo actúan como una traducción directa del mundo emocional de los personajes. Canciones de Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains no están ahí para explicar nada, sino para acompañar un desorden interno que muchas veces no encuentra palabras. La música dice lo que ellos callan.
Esa sensación de autenticidad se refuerza cuando la película borra la línea entre ficción y realidad. Alice in Chains aparece tocando en la película, sin presentación ni énfasis, como una banda más de la escena local. No hay subrayados ni intención de convertir el momento en algo histórico. Simplemente están ahí. Ese gesto dice mucho: Seattle no es un decorado, es un estado de ánimo. La música no ilustra la historia, la habita.
Muchas veces la banda sonora carga con una melancolía que los personajes intentan disimular con ironía o discursos racionales. Mientras hablan de independencia o desapego, las canciones dejan filtrar una tristeza de fondo, una necesidad de conexión que no termina de resolverse. Hay escenas donde sentís que la música dice más que el diálogo, y eso es parte de lo que hace que la película envejezca tan bien.
Para mí, Singles no es simplemente una comedia romántica noventosa. Es un retrato íntimo y melancólico de lo difícil que es amar cuando todavía estás tratando de entender quién sos. Y la música es el hilo emocional que lo sostiene todo. No ofrece respuestas, pero acompaña. Y quizás por eso, cada vez que la vuelvo a ver, me pega distinto.
⏬ ⏬ ⏬ ⏬ ⏬ ⏬
Que epoca esa
ResponderBorrarVer Singles hoy es recordar una época sin redes sociales
ResponderBorrardonde conocerse llevaba tiempo
ResponderBorrar